Historia

Historia de Toledo

Toledo conocida también como Ciudad Imperial y Ciudad de las tres culturas, está situada en el centro de la península ibérica a tan solo 70 km de la capital Española (Madrid), actualmente Toledo es la capital de la comunidad autónoma de Castilla - La Mancha. Muchos son los visitantes que recibe la ciudad Castellana a diario, pues su historia, arquitectura y  su misterio hacen de ella una de las ciudades más bellas de España. Además de sus características cabe recordar que Toledo fue la capital Española hasta el S.XVI cuando el Rey Felipe II traslada las cortes a Madrid. El subsuelo rocoso, junto al rio Tajo forman una fortaleza natural defensora de Toledo, según los estudios Toledo esta habitado desde la Edad de Bronce, pero si bien es cierto que no cobra una gran importancia hasta la llegada de los romanos cuando ya se habla de Toletum como una urbe importante. Desde entonces, Visigodos, Judíos, Musulmanes y Cristianos han ido acrecentando la historia que hoy guardan sus murallas. Muchos son los personajes históricos que han pasado por la ciudad (Tito Livio, Recaredo, San Julián de Toledo, San Ildefonso, Don Rodrigo, Alfonso VI, Alfonso X "El Sabio", Cardenal Tavera, Cisneros, Juana I de Castilla "La Loca", los Reyes Católicos, El Greco, Garcilaso de la Vega, Béquer, Santa Teresa de Jesús,  Cervantes...).

En T de Toledo queremos acercarte la historia de nuestra ciudad para hacer de su visita un viaje inolvidable, por ello contamos con Guías Oficiales de Turismo de Toledo.

Toledo en la Edad de Bronce


.La Edad del Bronce es un periodo prehistórico que supone la transición entre el Calcolítico (o Edad del Cobre) y la Edad de Hierro,  entre el 2.800 a.C. y el siglo IX-VIII a.C. (las transiciones de una fase a otra no son claras y varían entre distintas zonas).
En el caso de Toledo, tenemos un yacimiento ubicado en el Cerro del Bú,  en la zona del Valle, así como yacimientos en zonas elevadas sobre el río, como en el barrio de Buenavista o en el propio casco histórico
El Cerro del Bú es el yacimiento arqueológico más importante, en el se han podido documentar distintas fases de ocupación entre 2.500-2.300 a.C., hasta I Edad del Hierro S.IX-VIII a.C.
La importancia de los asentamientos durante el Bronce en Toledo y sus alrededores está en el control del río Tajo, y sobretodo de uno de los principales vados que había en el mismo, que quedaba situado en el entorno de Safont. Esto demuestra que la ganadería tenía un importante peso en la vida en ésta época.
Así, la Edad del Bronce supone el primer momento de ocupación bien documentado en la ciudad.

Toletum ciudad  Romana


En el año 193 a. C. y tras una gran resistencia, Marco Fulvio Nobilior conquista la ciudad. Los romanos la reconstruyeron y la denominaron Toletum, en la provincia de Carpetania. La ciudad desarrolló una importante industria del hierro que la llevó a acuñar moneda. La zona donde se asentaba la ciudad sufrió un profundo proceso de romanización, como atestiguan los numerosos restos de villas romanas, especialmente en la ribera del Tajo.
En época augusta se iniciaría un programa monumental que la equipararía a una verdadera urbe romana condicionada por la topografía del lugar, se desconoce donde se situarían el foro, las basílicas y templos, planteándose que estuvieran bajo el actual Alcázar o en la zona del Ayuntamiento. Sí se conocen la situación del circo y el teatro (en el parque de Carmelitas), el anfiteatro (Covachuelas), acueducto y Puente de Alcántara así como la necrópolis.
Los romanos dejaron numerosos vestigios en la faz toledana, como un imponente acueducto, del que únicamente se conservan las bases a ambos lados del Tajo, una vía romana, parte de la cual se puede ver en las laderas de los cerros de la margen izquierda del río, y un circo. Existen otros muchos vestigios que, pese a estar dados por desaparecidos en muchos casos, es muy probable que se encuentren en el subsuelo de la urbe, tales como el teatro (ubicado en el solar inmediato al circo y que actualmente ocupa un colegio), el anfiteatro (bajo el barrio de Covachuelas), una importante infraestructura hidráulica (como los vestigios que quedan al lado de la puerta donde se accede a la mezquita del Cristo de la Luz), numerosas calzadas (como las recientemente encontradas a siete metros aproximadamente de profundidad bajo el jardín de la Mezquita anteriormente mencionada), así como termas, aliviaderos, villas, etc.
Hay que destacar que la mayor parte de estas construcciones históricas fueran desmontadas, siendo los sillares aprovechados para la construcción de otros edificios y para la muralla que rodea la ciudad, si bien, posiblemente la mayor riqueza arqueológica de Toledo se encuentre enterrada bajo su subsuelo.

Toledo Visigodo


En el año 476 los visigodos establecieron un reino con capital en Tolosa (Toulouse, Francia), que abarcaba amplios territorios de la Galia y de Hispania. En el año 507, derrotados por los francos en la batalla de Vouillé, abandonaron la Galia y se asentaron en Hispania.
El nuevo reino visigodo tuvo su capital en Toledo, aunque el número de visigodos que se establecieron en Hispania no sobrepasó los cien mil, frente a los cinco o seis millones de hispanorromanos que entonces habitaban el país. Esta desproporción explica que, pese a controlar el gobierno, los visigodos terminaran asimilando la lengua, la cultura y la religión de la sociedad hispana.
 Al principio, los reyes visigodos eran elegidos por los nobles, pero en algunos momentos el cargo pasó de padres a hijos dentro de una misma familia. Las luchas por el poder fueron continuas, y muchos reyes fueron depuestos o incluso asesinados.
El reino visigodo de Toledo alcanzó la plenitud en la segunda mitad del siglo VI y la primera del VII, durante los reinados de Leovigildo y su hijo Recaredo.
Leovigildo (573-586) consolidó la autoridad real, anexionó el reino de los suevos y estableció las mismas leyes para germanos e hispanorromanos.
Recaredo (586-601) impulsó la unidad religiosa del reino al convertirse al cristianismo en el III concilio de Toledo.
A partir del IV Concilio de Toledo (633), los reyes solicitaron el apoyo de los concilios en las tareas legislativas. Eran convocados por el rey y, con el apoyo del Aula Regia, preparaban las leyes, aparte de tratar los asuntos religiosos.
Aportación destacada del reino visigodo fue la unificación del derecho con la promulgación de un código de leyes aplicable a godos e hispanorromanos. El Liber Iudiciorum o Fuero Juzgo (654) recogió las leyes del Código de Leovigildo y representó la unidad jurídica del Estado.
Tras el reinado de Wamba (672-680), que venció a los francos en Septimania y la Tarraconense, las luchas entre la nobleza y la monarquía debilitaron el reino visigodo, que no pudo hacer frente a la penetración musulmana.
En el año 710 las tropas de Tarik, gobernador musulmán del Norte de África, desembarcaron en lo que hoy es Tarifa. En julio del año siguiente, aliados con una facción de la nobleza visigoda opuesta a don Rodrigo, los musulmanes vencieron a este último rey visigodo en la batalla de Guadalete.
Muerto don Rodrigo, los musulmanes iniciaron la ocupación de la Península, con lo que llegó a su fin el reino visigodo.

Judería de Toledo


Los primeros documentos escritos que testimonian la existencia de judíos en Toledo datan de la época romana (siglo IV)
Aunque no esté claramente documentada, la llegada de judíos a Hispania con motivo de la dispersión definitiva provocada en la destrucción de la Ciudad Santa y del Templo, realizada por las legiones de Vespasiano y Tito, es perfectamente probable.
"Vine a la extensa ciudad de Toledo, capital del reino, que está revestida del encanto de la dominación y ornada con las ciencias, mostrando a los pueblos y príncipes su belleza. Porque allí emigraron las tribus del Señor. ¡Cuántos palacios hay en su interior que hacen correrse a las luminarias para la magnificencia de su belleza y esplendor!
¡Cuántas sinagogas hay en ella de belleza incomparable! Allí toda el alma alaba al Señor. En su medio habita una congregación, de semilla santa, que tiene como ornamento la justicia, numerosa como las plantas del campo". (Yehudah ben Shlomo al-Jarizi, siglo XII).
El arrabal de los judíos o judería se emplazó primeramente en el barrio de San Martín, entre la puerta del Cambrón y el río Tajo. Fue el lugar asignado por los árabes tras la conquista de Toledo; y en el año 920, levantaron la muralla de esa parte de la ciudad para la protección de los judíos.
Las limitaciones de la judería por la parte interior, las constituyen los distintos adarves que se van erigiendo según el progresivo crecimiento de la judería. Éstos no cercan de modo completo la judería, sino que establecen límite y separación entre ella y el barrio cristiano. Los judíos no estaban obligados a vivir dentro de la judería; de hecho, los documentos constatan muchas viviendas y comercios fuera del arrabal judío, por lo que se pensó primeramente que cerca de la catedral había otro pequeño barrio judío.
Los primeros adarves son más defensivos que coercitivos. Hay que esperar hasta el año 1480, cuando los Reyes Católicos, en las Cortes de Toledo, sancionan la separación del barrio judío. Es la primera vez que esta ley se lleva a cabo, pues anteriormente no había alcanzada efectividad.
La judería era un entramado de muros y callejas cerradas por puertas, con vías o pasajes radiales que comunicaban los diferentes barrios de la judería entre sí y a la judería con el resto de la ciudad.
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